El edificio estaba desierto. Entraba mucha luz por los ventanales de cada pasillo. Subimos. Paramos en un gran cuarto, con una cama enorme de acolchado celeste. Tiramos todo en el piso, nos arrojamos en la cama, iluminados. Brillabas. Tus ojos eran azules casi blancos, casi hielo, casi cielo. Una belleza inefable lo inundaba todo. Un gato negro apareció entre las cosas y se subió entre nosotros. Me comentaste que saldríamos rápido, que ya era hora de dejar todo esto. Te dije que no tenía pasaporte. Me miraste y respondiste que no importaba, que salíamos a Uruguay y luego a México. Era solo cuestión de pasar la noche. Te vi pararte y salir al cuarto contiguo. Había una pileta enorme, cristalina. Observé detenidamente cómo te sumergías en ella. Cerré los ojos. 

No era la hora pico, pero sobraba gente o hacía falta espacio, estábamos maloliendo nuestra humanidad. De pronto, otra estación, y casi todos bajando en estampida. Quedamos ella, yo, y otro tipo que nos miraba raro. Ella, alta y poderosa, morena y aguda, se estiró sosteniéndose de uno de los caños. La torsión de su cuerpo fue mágica. Estar a su lado era un acto de felinidad plena, tuve ganas de ronronearle. El tipo nos seguía mirando extraño. Entonces metió la mano en el bolsillo y sacó un arma plateada, grande, anticuada. Se la puso contra el pecho, recostada, mientras nos sonreía con los brazos levantados, mostrándonos los sobacos. El vagón volvió a ponerse en marcha. La puerta que estaba detrás de él no se había cerrado. Seguimos mirándonos, hasta que nos apuntó, estiré mi pierna, me sostuve de ella y lo pateé. El tipo cayó hacia afuera con poca gracia, los ojos redondos, el arma encajada. Arriba de él, instantáneamente, pasó otra formación. Ella me miró con horror. Pero nadie te está apuntando, le dije. Empezaron a sonar las alarmas. La formación se detuvo. Olí sus cabellos y le dejé una sonrisa de retirada. Empecé a correr. En la bifurcación de las vías encontré una puertita lateral mal cerrada. Entré y allí estaba, brillante, sumergido. Flotaba. Me miró agradecido, hundí mi cuerpo en el agua, y soñé.

Comentarios

Entradas populares de este blog