Mi casa huele a flores y a Sándalo. Mi casa huele rico, no voy a negarlo. Ahora, arriba de la mesa, algo de las bases: un velador negro, de luz blanca, para estudiar. Para leer. Para escribir. [memoria] horas junto a un negro velador galáctico de cuello de herbívoro, pedazos de las noches robados a los gritos de "apagá esa luz" matriarcal [ella me hace dudar sobre ver con los ojos cerrados. Es como no; no respiro bajo el agua -contener el aire no es lo mío-] Así que para fluir hay que contenerse un poco, que ya casi y seguir, un poco más, en la oscuridad [memoria] las sombras de mi espalda, la cama marinera de mis hermanos. La puerta del baño. Yo no seré una más, como la de las fotos, ni felicitación ni felicidad, hay incógnitas más antiguas, como nosotras hablándonos la noche, mientras papá roncaba a tu lado. [presente] Este velador es famélico. Usa un gorrito. Me gusta diagnosticarle probabilidad de lluvias. Puedo sentirlas, expanden la humedad en los dedos. Hice un guiso. Hay mate. Hay luz.

Comentarios

Entradas populares de este blog